La FAI


Durante los años de dictadura de Miguel Primo de Rivera, algunos de los líderes de la CNT comenzaron a tener relaciones e incluso vinculación política con los republicanos. Mantenían sus ideas anarquistas pero creían que la revolución social no llegaría inmediatamente, sino que se daría en un marco político más favorable, como la República. La Federación Anarquista Ibérica (FAI) no fue en un principio formada en 1927 para combatir esta tendencia, pero pronto haría bandera de ello. La FAI venía de las distintas federaciones de grupos anarquistas formadas en Portugal (la Unión Anarquista Portugesa) y en el exilio (la Federación de grupos anarquistas de lengua española de Francia), junto con los grupos ya existentes en España.

La organización de la FAI estaba basada en pequeños grupos de afinidad de activistas autónomos que se estructuraban en federaciones locales, provinciales y regionales. La FAI permaneció como una organización secreta y clandestina incluso después del reconocimiento de su existencia dos años después de su formación. Su naturaleza subrepticia hace difícil juzgar la extensión numérica de sus miembros. Se estima que los miembros de la FAI hacia 1933, cuando animan y organizan varias insurrecciones contra la República era de 10.173 miembros. En el Pleno de la FAI de octubre de 1933, celebrado en Madrid, asistieron 22 delegados de 569 grupos. Estos encuadraban a unos 4.839. Además recibieron la adhesión de otros 632 grupos con unos 5.334 delegados más, totalizando los 10.173 referidos.

La FAI era tácticamente revolucionaria, con acciones que incluían los robos de bancos para la adquisición de fondos, y la organización de huelgas generales, pero a veces llegó a ser más oportunista. Apoyó esfuerzos moderados en contra de la dictadura de Primo de Rivera, y en 1936, contribuyó al establecimiento del Frente Popular a cambio de la liberación de los numerosos presos libertarios. No necesariamente tenía una unidad táctica, habiendo en su seno desde pacifistas individualistas hasta revolucionarios insurreccionales.

Tras el alzamiento franquista, las organizaciones anarquistas comenzaron a cooperar con el gobierno republicano, no sin controversia. En aquel entonces la unión CNT y FAI fue más evidente que nunca. A la vez propulsó activamente la Revolución Social Española de 1936 en la cual veía llevados a la praxis sus ideas ácratas (colectivizaciones de tierras e industrias, municipalismo libertario, etc.), aunque ello llevó a la par casos de represión en la retaguardia republicana por parte de faístas (ante la oposición de destacados líderes cenetistas) no sólo contra simpatizantes del fascismo, sino incluso contra republicanos moderados, pequeños propietarios o la Iglesia.

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